“Los tiempos de Dios son perfectos”
Por Víctor Zúñiga
Guadalajara, México. 27 de
abril de 2015.- Si había algo que distinguía a Javier Hernández no era
precisamente su gran habilidad con el balón, y digo distinguía porque últimamente
nos ha demostrado el progreso que está teniendo desde que llegó a Madrid. “Chicharito”
demostraba cada entrenamiento una actitud inquebrantable, misma actitud que
varios jugadores de elite mundial desearían tener.
Mucho se ha hablado de lo importante
que es Javier como un jugador de recambio, un futbolista que entra al partido
cuando éste se encuentra trabado y se
necesita un delantero que empuje el balón de la manera que sea. Ese rol es el
mismo que Carlo Ancelotti le concedió a “Chicharito” desde su llegada a las
filas “Merengues”, pero sin entregarle los minutos necesarios para desenvolverse
en la cancha de una manera adecuada.
En sus primeros minutos como
jugador de la “Casa Blanca”, Javier Hernández demostró que estaba preparado para
demostrar, a propios y extraños, que merecía un lugar dentro del mejor equipo
del mundo. Con un doblete hizo su presentación en el Real Madrid; el primero de
los dos goles fue una obra de arte digna del mismísimo Zidane, clavando el
balón en el ángulo superior izquierdo después de un zurdazo de bolea desde
fuera del área. Al parecer para Ancelotti no fue suficiente mérito para
otorgarle al delantero “Azteca” más minutos dentro del campo.
Pero el dicho de su abuela, que
tanto ha mencionado “Chicharito” en diversas entrevistas, demostró lo que tanto
anhelaba Javier. “Los tiempos de Dios son perfectos” y no podían ser más
perfectos que en los cuartos de final de vuelta de la Champions League, en el estadio
Santiago Bernabéu y en contra del Atlético de Madrid, rival que no conocía la
derrota en contra de los “Blancos” en los últimos 7 partidos.
Benzema, el titular
indiscutible de Carlo Ancelotti, sufrió un esguince de rodilla durante la
semana previa al encuentro de la Liga de Campeones de la UEFA. La oportunidad
de “Chicharito” parecía cada vez más cerca y una posible titularidad no era una
idea descabellada, pero Ancelotti debía darle su confianza al mexicano.
Con las lesiones de Modric,
Bale y Benzema, el entrenador “Merengue” no tenía otra opción que alinear a una
delantera inédita: Cristiano Ronaldo y Javier Hernández. De ellos dos dependía el
pase a la semifinal de la Champions, además de ganar el derbi madrileño después
de no hacerlo en siete partidos consecutivos.
Esa noche no pudo ser mejor
para “Chicharito”. Corrió, gritó, empujó, peleó cada balón que estuvo en sus
posibilidades, remató al arco en diversas ocasiones pero la suerte o el destino
no lo dejaban celebrar su primer gol en Champions con la camiseta de las diez
copas de Europa. Pero el mismo destino le tenía preparado algo mucho mejor, el
sabor de la gloria que solamente los jugadores que dejan cada gota de sudor en
el campo pueden disfrutar.
Una bella jugada por la
banda derecha entre Cristiano y James, en los minutos finales del encuentro, terminaría
con una clara jugada de gol. Ronaldo encaró al arquero y cuando el ángulo
estaba totalmente cerrado para definir, apareció Javier pidiendo el balón a
gritos desesperados. Cristiano tocó el balón a “Chicharito” quien, a su “modo”,
empujó el balón a las redes para hacer gritar a millones de aficionados “Merengues”
un gol que los colocaba cada vez más cerca de levantar la undécima copa de
Europa.
Javier celebró como nunca
antes, y su festejo no fue tanto por la emoción del partido, sino por el hecho
de poder gritar, en uno de los más legendarios estadios del mundo ,que estaba
ahí, que nadie podía juzgar su calidad, pero mucho menos, podía poner en duda
la entrega y la pasión que él desborda en cada partido.
"Chicharito" no podía más, había dejado
todo lo que tenía en la cancha, se desplomó en el terreno de juego y pidió su
cambio. Como pudo se levantó y caminó hacia la banda, en medio del coro unísono
del “Olé olé Chicharito” salió aplaudido y ovacionado por la afición más
exigente y al mismo tiempo ingrata del futbol mundial. Los aficionados, de pie,
agradecían a Javier su entrega y el pase a la siguiente ronda de la Champions
League.
En medio del llanto, caminó
a la banca, abrazó a su amigo Keylor Navas y con las manos en el rostro no dejó
de sollozar. Lágrimas de felicidad, de frustración, de emoción, simplemente las
mejores lágrimas que una persona puede derramar: las del éxito.
Si, lo sabemos, no es el
jugador más técnico, ni el que mejor golpea el balón, no tiene la técnica depurada
de Ronaldo el “Fenómeno”; la velocidad
de Gareth Bale; el resorte en las
piernas de Cristiano Ronaldo; la espectacularidad de Hugo Sánchez. Pero él
tiene algo que muy pocos jugadores en la historia del futbol han demostrado
durante lo largo de su carrera: humildad, disciplina y entrega total.
Javier Hernández pronto se
convertirá, si el destino no le hace una mala jugada, en el máximo anotador en
la historia de la selección mexicana. Si, uno de los jugadores más criticados
por los mexicanos se convertirá en un histórico de nuestra selección, superando
a, ni más ni menos, que Jared Borgetti.
Todo parece un cuento de
hadas para el jugador oriundo en tierras tapatías, lugar donde además de nacer,
juega el equipo de sus amores: las Chivas de Guadalajara. Club donde Javier
espera, en un futuro no muy próximo, poder retirarse como jugador profesional, reencontrándose
con la afición que lo arropó durante momentos difíciles en su carrera y misma afición
que siempre le estará agradecida.
Profesora, es la publicación que tenia pendiente. como ya tenia una publicación de cada genero que vimos en clase, quise hacer algo diferente a lo que había realizado, espero no le moleste. si no le agrada, puedo realizar de cualquier manera el post del genero que usted me indique. muchas gracias
ResponderBorrarQue barbero eres, Alex.
ResponderBorrarPero buena nota :)
Excelente trabajo Alex!!!!!!
ResponderBorrarFelicidades!!!
Muy buena nota, Alex
ResponderBorrarbuena esa buena nota.
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