martes, 24 de marzo de 2015

Rafael Nadal, lejos de su mejor versión

La fiera aún no está suelta

El año de Rafael Nadal no ha comenzado para nada bien.

Guadalajara, Jalisco. (24/Marzo/2015).- Juego, set y partido; esta vez en contra. No es nada usual; es poco común, pero Rafa volvía a perder.

Rafael Nadal inició el 2015 defendiendo su corona en Qatar. Un torneo de superficie dura y en el que Rafa era una de las principales estrellas del certamen. Se enfrentaba al alemán Michael Berrrer, sembrado por debajo del top 100. Rafa se impuso con autoridad en el primer set con un certero 6-1, como tenía que ser. Acomodaba perfectamente sus botellas como es de costumbre y dejaba ver sus piernas inquietas tan características. Para sorpresa de muchos, Rafa perdería los dos siguientes sets, y con esto, la oportunidad de defender su corona; Nadal se iba en primera ronda.

Esa sería toda la preparación que tendría el español para el primer Grand Slam del año: Australia parecía llegar antes de lo esperado. Rafa defendía la final que había logrado el año pasado, pero no prometía mucho. El español llenaba de dudas a todos sus seguidores y a todo el mundo del tenis en cuanto a su desempeño y a lo que podría hacer en Melbourne.

 Libró fácil la primera ronda y sufrió en la segunda; parecía que una vez más su maleficio personal enfrentando a un top 100 lo dejaría fuera, pero su característico orgullo y su notoria mentalidad le permitieron avanzar. Las dos siguientes rondas en Australia fueron de mero trámite para el español, que ganaba fácil y rápido. La verdadera prueba llegaría en los cuartos de final. 

Nadal se medía ante el checo Tomas Berdych. Rafa perdió el rumbo en Melbourne; perdió con diferencia el primer set y fue totalmente superado en el segundo. Las bolas no pasaban; parecía que su lado de la cancha medía el doble de lo normal; el calor seguía pesando e incluso parecía que le era difícil caminar. El español empezó a hacer uso de su poderosa mentalidad y de su valor para encarar el tercer set, pero llegó al tie-break y ahí terminaría su participación en el primer Grand Slam del año.
Nadal se despidió tempranamente en todos los torneos que había disputado.


Llegó Rio de Janeiro. Arcilla, su especialidad. Una vez más, Rafa llegaba como el campeón defensor. Un campeón que aún no encontraba su corona en el presente año. Nadal avanzaría pero se quedaría a un paso de la final; Fabio Fognini remontaría en semifinales para dejar al español una vez más fuera de un torneo, y una vez más, sin corona. 

Parecía que el principio de año no le sonreía a Rafa. No lograba si quiera alcanzar la oportunidad de disputar el trofeo. Se le veía forzado en sus partidos y no demostraba manera alguna que le diera su primer título del año y le dejara demostrar la verdadera capacidad que tiene. La mentalidad, su mejor aliada en su carrera, parecía simplemente no estar a la altura; el orgullo no lograba salir de una vez por todas; le costaba trabajo el servicio y parecía totalmente perdido en la devolución. Rafa simplemente no era el mismo.

Apareció un nuevo torneo de arcilla: Buenos Aires. Un torneo nuevo para Rafa en el año, pero en una superficie sumamente familiarizada a lo largo del tiempo. Parecía una nueva oportunidad para que El Matador pudiera alzar por fin un trofeo y demostrar que sigue siendo el rey de la arcilla.

La victoria llegaría. Dejaría en el camino a cuatro locales para por fin poderse proclamar campeón de un torneo. La fiera parecía haber alcanzado un buen nivel al fin, pero siendo críticos, en Buenos Aires, un torneo ATP 250, no podía medirse el verdadero potencial que tenía Rafa.

Una verdadera prueba llegaría poco más de una semana más tarde. El primer Masters 1000 de la temporada se hacía presente; Indian Wells había llegado, y con él, una oportunidad de medir el desempeño de Rafa una vez más.

Nadal regresaba a canchas duras con la determinación de un campeón. Dejó en el camino a tres rivales sin perder un solo set y con marcadores idénticos. Se había mostrado sólido con su servicio y dejaba ver una buena devolución. El español llegaba a los cuartos de final sin problema.

Milos Raonic, rival del español en cuartos, sería el encargado de proporcionarle a Rafa una derrota más. Rafael Nadal se quedaba sin la oportunidad de disputar la corona que había logrado dos años atrás. El servicio del canadiense fue algo que Nadal nunca pudo contrarrestar del todo y terminaría despidiéndose del certamen luego de caer en tres sets y de haberlo intentado todo para mantenerse en la pelea, pero una vez más, Rafa estaba fuera.

La realidad parecía fantasía. No se podía concebir realmente la posibilidad de que Rafael Nadal no lograra consolidarse en el primer cuarto del año. Una sola final en tres meses. Si bien logró el título en ella, no lo hizo de manera satisfactoria y mucho menos convincente. Se dejaba de escuchar en las instancias finales el clásico game, set and mach, Nadal. Los rivales parecían haber encontrado finalmente la esperanza de lo que significa despedir a Rafa de un torneo.

Rafael Nadal cambió las victorias por una frase que escucharía una vez más ante Milos Raonic en lo que hasta ahora es su último torneo: juego, set y partido; esta vez en contra. No es nada usual; es poco común, pero Rafa volvía a perder. 







5 comentarios:

  1. La crónica es muy buena, aunque no sé si pudieras ser un poco más específico para los que no sabemos mucho de tenis. Si no es así, está casi para publicarse en cualquier diario deportivo, solo por una cosa: Repites mucholas palabras Rafa, Nadal y español.
    Fuera de eso, todo bueno.

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  2. La crónica es muy buena, aunque no sé si pudieras ser un poco más específico para los que no sabemos mucho de tenis. Si no es así, está casi para publicarse en cualquier diario deportivo, solo por una cosa: Repites mucholas palabras Rafa, Nadal y español.
    Fuera de eso, todo bueno.

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  3. Muy buena crónica, me gustó. Muy específica y bien redactada.

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  4. Buena crónica, me parece que abarcaste bien el suceso y es lo suficientemente amplia para entender.

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